Ni paraíso ni mierdas narra las peripecias de Bárbara, una adolescente de 16 años, a la que expulsan del instituto 40 días. ¡Y eso que su sueño es ir a la Universidad! Pero como ella bien dice: “[...] soy buena estudiando, pero si me ponen en una jaula con cobayas, me doy de cabezazos contra el cristal”.
Su vida transcurre en un barrio humilde con todo su carrusel de personajes estrafalarios y su familia que tampoco se queda corta: una madre ausente que opina que la familia está únicamente para joder, un hermano que solo la llama cuando está de bajón por la cocaína y una tía que la adora, que sufre de incontinencia verbal y que padece de “accesos de amor”, que rara vez son correspondidos.
Con ellos (y sin ellos la mayor parte del tiempo), tendrá que lidiar con los avatares propios de la adolescencia como el amor, el sexo, la aceptación social, la familia y –cortesía del universo– un trastorno alimenticio.